Loading...

QUIENES SOMOS

Somos personas llamadas a seguir a Jesús servidor y apóstol del Padre, haciendo votos de castidad, pobreza y obediencia, viviendo en pequeñas comunidades.

Somos enviadas a anunciar, en la historia de hoy, el evangelio de la caridad, haciendo del servicio Social Misionero, un signo concreto del amor de Dios por todos los seres humanos y un instrumento de liberación evangélica y de promoción humana y social.

Somos llamadas a promover la justicia en la caridad, recordando que la misericordia es indispensable para plasmar las relaciones entre las personas, con un espíritu de profundo respeto y reconocimiento de su dignidad.

Carisma y espiritualidad

La vocación al Servicio Social Misionero nos abre al don de participar a la diaconía de Cristo sirviendo a los pobres, a los que sufren y a los trabajadores con un servicio competente para la promoción de la justicia en la caridad.

La espiritualidad del servicio, a la luz de la Encarnación y de la Pascua nos pone como modelo a María, servidora del Señor.

La llamada a seguir a Jesús con el don del Servicio Social Misionero, puede ser vivida:

  • En la consagración al Señor, en la vida comunitaria, mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia y la Promesa de Servicio Social Misionero.
  • En la adhesión a la Asociación de Servicio Social Misionero con un compromiso de vida evangélica, según el estado de vida de cada persona (laical, diaconal o presbiteral) y al Grupo Testimonio de Esperanza en el Sufrimiento.

Nuestro fundador

Card. Ernesto Ruffini

Card. Ernesto Ruffini

  • Nace en San Benedetto Po (Mantova) el 19 de enero de 1888
  • Recibe la ordenación sacerdotal en la Catedral de Mantova el 10 de julio de 1910
  • Es elegido arzobispo de Palermo el 11 de octubre de 1945
  • Funda el Instituto de las Asistentes Sociales Misioneras (primer nombre de nuestra familia misionera), el  25 de marzo de 1954.
  • Muere el 11 de junio de 1967.

Visitó en dos oportunidades la Argentina:

En 1934 para el Congreso Eucarístico Internacional en Buenos Aires, acompañando al Delegado Papal, Eugenio Pacelli (que años después sería Pio XII)

En 1950 para el Congreso Mariano Nacional en Rosario, como delegado papal.

To top